Pacquiao campeón a los 40

pac thurman

En pose karateca, «PacMan» le quitó el invicto a Keith Thurman

 

Por Ricardo Acuña (Especial para LBD) / En Las Vegas, Estados Unidos, Manny Pacquiao quería lo más difícil en su carrera: ser campeón mundial absoluto (lo era interino) con más de 40 años.

Retó a un invicto que tenía la coraza de invencible y lo desarmó por completo para convertirse en el Número 1 del peso welter.

«No ha sido fácil, Keith Thurman es un gran boxeador», aseguró tras su histórico triunfo.

Fue cierto, pero la leyenda desempolvó su mejor boxeo para volver a maravillar al mundo. Triunfo por decisión dividida (115-112, 115-112 y 113-114, esta última increíble).

La tarjeta de LBD marcó 116-112 para el asiático. Entró en el selecto club de campeones a los 40 junto con Bernard Hopkins, George Foreman, Archie Moore y Vitali Klitschko.

De ellos, de momento, es el más joven en conseguirlo: 40 años, 7 meses y 3 días y avisa: «Mi próxima lucha será el año que viene». «PacMan» tiene cuerda para rato.

Thurman decidió plantear una guerra mental en la previa. Pacquiao le respondió siempre con una sonrisa y lo esperó en el ring.

Sobre la tarima, donde se muestran las personas de verdad, el filipino necesitó menos de tres minutos para ganarle esa batalla.

El estadounidense dominaba en la distancia y «PacMan» recibió varios golpes cuando intentaba acortar distancia… hasta que ocurrió la genialidad.

En un abrir y cerrar de ojos se echó encima de Thurman, que retrocedió. Mano adelantada abajo y la de atrás al mentón. El campeón se iba al suelo y su cerebro estallaba.

No pensaba que el «dinosaurio», como el mismo le llamó, tuviese esa capacidad. Pacquiao sabía hasta dónde debía apretar y lo hizo.

Lo dejó respirar y continuó la pelea. La experiencia lo es todo. Pacquiao podía tener menos envergadura, potencia… pero había pegado primero y a la hora de ejecutar sus golpes, lo sorprendió.

El campeón tardó en reaccionar mentalmente hasta el cuarto asalto. No fue capaz de imponer su tamaño hasta entonces.

En ese momento se vio la diferencia. Pacquiao encajó manos duras, pero apretaba los dientes y seguía para delante. El miedo a perder no existía, solo tenía hambre de victoria.

Así acabó de minar a Thurman, que fue alternando buenos momentos de boxeo con otros en los que se veía sorprendido por el veterano.

La leyenda lograba comerle el espacio en un segundo, algo que bloqueaba al estadounidense, pues alguien con su movilidad era incapaz de salir de esa presión antes de tocar la cuerda con su espalda.

Ahí, en las cuerdas es donde Manny mostró otra gran virtud. Thurman le encerraba, sacaba muchos golpes pero no se acertaba. Replicaba con series rápidas y se movía.

Thurman acabó cabizbajo por su derrota. En el décimo asalto, Pacquiao clavó su mano en el hígado del estadounidense. Le faltó poco para caer al suelo.

De hecho llegó a doblarse de dolor. El filipino le dejó vivo porque sabía que línea roja no debía cruzar. Es consciente que no está para intercambiar golpes.

Tuvo el KO, pero él quería ganar y disfrutar del camino, no importaba el modo de la victoria. Después tocaba hablar de futuro.

Spence y Porter unificarán coronas (IBF y WBC) el 28 de septiembre, su rival potencial saldrá de ahí, pero no quiso darle más crédito.

Cualquier declaración podía eclipsar lo que acababa de hacer. La leyenda volvió a demostrar su vigencia. Manny Pacquiao, campeón a los 40.

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