Federer en Argentina (Parte I)

Por Matías Pouso (Corresponsal LBD en Tigre)

Aunque todavía subsistan algunos escépticos que pongan en tela de duda que Roger Federer es el tenista más grande de todos los tiempos, el mundo entero se rinde a sus pies cada vez que esta leyenda viviente camina entre el resto de los mortales.

Porque lo que viene sucediendo en nuestro país desde el día lunes, es simplemente una prueba más de que su figura trasciende el mundo de la raqueta y su persona, tan divina como sencilla, conmueve a todo ser que lo rodea, eso es Federer.

Además del tenista con mayor cantidad de semanas como número 1 del mundo, el que ganó mas torneos de Grand Slam, el que reinó el circuito por casi una década y quien nunca dejó de ser ese chico familiero amante del fútbol y de la buena comida.

Pero volvamos a las primeras horas de su visita. Mientras los vecinos porteños luchaban una vez más contra las corrientes de agua que amenazaban con volver a inundar sus hogares, un jet privado sobrevolaba la ciudad intentando encontrar un hueco en la tormenta que le permitiera aterrizar en aeroparque para darle la oportunidad al actual número 2 del mundo de pisar por primera vez suelo rioplatense en sus 31 años de vida.

Finalmente, las decenas de fans que ansiosos esperaban a su ídolo desde las seis de la tarde, estallaron en alegría cuando las compuertas se abrieron y dieron paso a un hombre cuya cabeza estaba cubierta por una gorra de color celeste con las siglas RF bordadas en color blanco.

Efectivamente era él, el suizo por nacimiento, pero ciudadano del mundo. Amablemente firmó autógrafos, posó para las fotos, y hasta soportó el constante manoseo por parte de algún que otro inadaptado.

En su primera noche, se hospedó en un lujoso hotel-mansión de barrio Recoleta que fue reservado exclusivamente para él y todo su equipo, si bien no había huéspedes en el mismo, un puñado de jóvenes fanáticos montaron una guardia por varias horas en la puerta aunque no tuvieron suerte de verlo.

Su agenda continuó con la conferencia de prensa con mayor concurrencia que este corresponsal haya presenciado. Alrededor de 400 personas, entre periodistas, trabajadores del predio, curiosos y entusiastas, dijeron presente el martes al mediodía en Nordelta a pesar de la lejanía y el horario de la misma.

Cordialmente respondió cada una de las preguntas que se le formularon, siempre haciendo hincapié en que él se siente un hombre común que con mucho esfuerzo llegó a conseguir todo lo que se propuso. También destaca la labor de su esposa Mirka Vavrinec en todos esos logros, cuenta que cuando se conocieron él no había ganado ningún título, hoy con 76 puede afirmar que su colaboración fue y es muy fructífera.

Luego despejó las dudas sobre su origen, por más que muchos lo descrean, confirmó que no viene de ninguna otra galaxia, es un terrícola más; y en el momento de elegir al mejor deportista de la historia, no pudo decidirse entre Diego Maradona y Lionel Messi, así que dejó abierta la respuesta.

La formalidad de la rueda de preguntas se rompió en el momento que el doble argentino de Federer se puso de pie con motivo publicitario de la compañía de afeitadoras que lo auspicia.

Cada minuto de su estadía es exprimido para realizar todo tipo de actividades. Primero le cumplieron el deseo de saborear la carne y el vino argentino en un típico asado realizado en un campo de la zona norte de Buenos Aires, por la noche fue la estrella de una gala a beneficio de Tigre Educa, un programa dedicado a financiar 1800 becas educativas.

Como último destino antes de salir a la cancha, visitó a la Presidenta en la residencia de Olivos. El miércoles por la noche fue la primera gran cita. El caos vehicular le impidió a muchos de los que contaban con una entrada de poder disfrutar plenamente de la previa al gran duelo, minutos pasadas las 18.30 Vilas y Clerc pisaron el cemento verde que a muchos nos recordaba aquel court del US Open  en el que Sampras y Agassi se sacaban chispas en la década del 90’.

Pero esta vez el clásico fue argentino y no estadounidense, y en él, Batata le dio una categórica paliza al gran Willy por 6-2 y 6-1 vengándose del dominio del marplatense en el circuito en los años setenta y ochenta.

Mientras el estadio se colmaba, y el show de tango protagonizado por Valeria Archimó (novia de Guillermo Marín, organizador del evento) e Iñaki Urlezaga llegaba a su fin, la ansiedad por el plato fuerte de la noche golpeaba los corazones de las más de 20.000 almas concurrentes.

El trámite se demoró por el incidente ocurrido en una de las tubulares, y por la enorme cantidad de gente que no podía acceder a sus ubicaciones, sin ánimo de ahondar en el tema, es necesario aclarar que la organización no estuvo a la altura de la circunstancia.

Pero todo lo ocurrido en la previa, los malos momentos y la angustia se olvidaron en el momento que el mejor de los mejores salió a la cancha. El único capaz de dibujarles una sonrisa a los iracundos fans era él, Roger Federer, y no olvidemos que del otro lado de la red se erguía la figura del mejor tenista nacional de la actualidad, Juan Martín Del Potro.

Una vez finalizados los saludos y la bienvenida de parte de famosos de la talla de Luciana Aymar, Agustín Pichot, Emanuel Ginóbili, Susana Giménez y Diego Maradona; y luego de que Cacho Castaña entonara el himno, llegó lo que todos esperábamos, ver al suizo en acción.

Ya desde el peloteo era imposible no fascinarse con la manera en que esa raqueta con una W impresa en su encordado despedía pelotitas amarillas con una ductilidad que en vivo se aprecia mil veces más que por la televisión.

Desde el primer punto, ambos tenistas demostraron que ninguno querría perder ese encuentro, la intensidad plasmada en cada golpe hacía prever que el duelo sería igual de intenso que si fuera por los puntos.

La tribuna también fue protagonista demostrando su cariño constantemente, aunque no faltaron los que buscan protagonismo en el espectáculo con gritos fuera de lugar. A pesar de ello, el nivel no decayó, y el primer set fue para el invitado de lujo por 6-3.

En el segundo parcial, la interacción con la gente fue más frecuente, Roger entró en el juego con el público y puso la diversión por encima del juego, ahí Delpo aprovechó y emparejó las cosas con otro 6-3.

En la manga decisiva, ambos alternaron show con juego. Ante cada ovación ellos respondían, y qué manera de responder sino con demostraciones mágicas como la de Federer lanzando pelotitas a los ball boys de una punta a la otra de la cancha atinando el blanco a la perfección.

La fría estadística dirá que Del Potro ganó el partido con un 6-4 en el último set, pero los ganadores fueron cada uno de los espectadores que a pesar de los maltratos organizativos, el calor y la ardua vuelta a casa, se guardaron un momento único en sus retinas al ver en vivo y en directo a una leyenda que por estos días, caminó en suelo argentino. Pero esto no termina aquí, para Delpo y para todos, hoy habrá revancha.

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